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Nutrición y desarrollo cognitivo

El concepto de desarrollo cognitivo hace referencia a la percepción, el pensamiento, la memoria, la atención y el aprendizaje humano. Está influenciado por muchos factores, dentro de los cuales, la nutrición, la genética y las experiencias, juegan un rol desarrollo-cognitivo-y-lactancia-materna-cicatsalud-52-728-1fundamental.

El efecto de una buena nutrición en el desarrollo del cerebro comienza antes de nacer, con la nutrición de la madre. Si el niño está o no bien alimentado durante los primeros años de vida, puede tener un efecto profundo en su salud, así como en su habilidad para aprender, comunicarse, pensar analíticamente, socializar efectivamente y adaptarse a nuevos ambientes y personas. Una buena nutrición es la primera línea de defensa contra numerosas enfermedades infantiles que pueden dejar huellas de por vida en los niños.

cerebro-y-nutricionLos nutrientes proveeen de los bloques que juegan un papel crítico en la proliferación celular, síntesis de ADN, neurotransmisores, metabolismo hormonal y sistemas enzimáticos. Y como consecuencia de que el desarrollo cerebral, es más rápido en los primeros años de vida, lo hace más vulnerable a las deficiencias nutricionales.

El cerebro, en forma similar al resto del cuerpo, está construido a partir de proteínas, lípidos, carbohidratos, vitaminas y minerales proporcionados por la dieta. Como el cerebro se desarrollo más rápidamente que el resto del cuerpo es obvio considerar que una deficiencia dietaria en una etapa crítica del desarrollo puede resultar en cambios duraderos en la estructura cerebral y por tanto en su funcionamiento. Adicionalmente, el cerebro es el órgano metabólicamente más activo a pesar de contar con reservas muy limitadas de energía, así que depende de la dieta para un abastecimiento continuo de glucosa. De forma similar, el funcionamiento minuto a minuto del cerebro requiere una fuente adecuada de micronutrientes que actúan como coenzimas o forman partes estructurales de las enzimas requeridas para la actividad metabólica óptima.

Aún y cuando es difícil aislar las contribuciones específicas de cada nutriente en el desarrollo cognitivo,  las deficiencias nutricionales más ampliamente reconocidas con potencial para causar efectos adversos permanentes sobre el aprendizaje y la conducta son: un inadecuado aporte de proteínas y de energía, la deficiencia de hierro, ácido fólico, yodo, zinc o ácidos grasos esenciales, entre otras.

  • PROTEÍNAS Y ENERGÍA. La desnutrición en el primer año de vida tiene un efecto duradero sobre el comportamiento y la cognición. Tanto el control motor como el lenguaje se desarrollan más lentamente y tanto las valoraciones de inteligencia como el desempeño en la escuela son más pobres. Sin embargo, la desnutrición proteíco-energética, además de estos déficits globales, es responsable de daño más específico en el hipocampo y la corteza cerebral. Sus efectos son tan marcados, que cuando la suplementación con proteínas y energía comienza antes de los 2 años de edad, período durante el cual el cerebro está en rápido crecimiento, se ha encontrado que hay un gran beneficio; en contraste, cuando los niños desnutridos reciben suplementos después de los 2 años de edad, hay una influencia a largo plazo que es pequeña o francamente nula.
  • HIERRO. Al menos algunos de los mecanismos subyacentes que están asociados con una deficiencia temprana de hierro están comenzando a ser comprendidos. Estos incluyen una disminución en la mielinización, cambios en el metabolismo de dopamina en el cuerpo estriado y alteraciones en el metabolismo energético del hipocampo, una área del cerebro importante para la memoria.
  • ÁCIDO FÓLICO. Se ha comprobado que esta vitamina del grupo B, desempeña un papel fundamental al comienzo del embarazo ya que interviene en la formación del tubo neural y previene defectos como la espina bífida, anencefalia, entre otros. La falta de folato se asocia con menor volumen cerebral y coeficientes intelectuales más bajos.
  • YODO. Se ha descrito a la deficiencia de yodo como la causa individual más importante a nivel mundial de daño cerebral y retraso mental prevenible. Su papel en la síntesis de hormonas tiroideas marca la diferencia, puesto que éstas influyen en el metabolismo de todas las células y juegan un papel particularmente importante en el crecimiento de la mayoría de los órganos, incluido el cerebro.
  • ZINC. Aunque hay un acuerdo en que juega un papel esencial para el desarrollo tanto antes como después del nacimiento, su papel en el cerebro se entiende todavía pobremente. El zinc es un componente esencial del cerebro, está involucrado en la síntesis y liberación de neurotransmisores y en el desarrollo y funciones del sistema nervioso central. La deficiencia de zinc retrasa el crecimiento y la maduración de las neuronas, y afecta la actividad electrofisiológica y de transmisión en el cerebro.
  • ÁCIDOS GRASOS. Los AG, particularmente los poliinsaturados de cadena larga (LCPUFA, por sus siglas en inglés), juegan un rol central en el desarrollo cerebral al omega-3-fatty-acids1ser los ácidos grasos más abundantes del cerebro, necesarios para su crecimiento y maduración, así como de la retina. Dentro de estos, resultan fundamentales los ácidos grasos esenciales docosahexaenóico o DHA (de la serie omega 3) y araquidónico  o AA (de la serie omega 6), por sus concentraciones elevadas en las membranas celulares del cerebro, lo que sugiere que ambos son importantes para la función del sistema nervioso central. Participan en la neurogénesis, la neurotransmisión y la protección contra los agentes oxidantes del cerebro y la retina. Se acumula en el tejido cerebral principalmente durante la segunda mitad del embarazo y los dos primeros años de vida.

De lo anterior desprende, que la mejor manera de asegurar el desarrollo cognitivo y conductual de los más pequeños, es satisfaciendo las necesidades de nutrientes con comidas variadas y equilibradas, preparadas apropiadamente.

REFERENCIAS

– Ars C, Nijs I, El Marroun H, Muetzel R y col. (2016). Prenatal folate, homocysteine and vitamin B12 levels and brain volumes, cognitive development and psychological functioning. British Journal of Nutrition; 1-9.

-Nyaradi A y col. (2013). The role of nutrition in children’s neurocognitive development, from pregnancy through childhood.Front Hum Neurosci; 7(97).

– Prado E y Dewey K. (2012). Nutrition and brain development in early life. Disponible en: http://www.cmamforum.org/Pool/Resources/Nutrition-brain-development-early-life-A-TTechnical-Brief-2012.pdf

Georgieff M. (2007). Nutrition and the developing brain: nutrient priorities and measurement. Am J Clin Nutr; 85(S): 614-620.

 

 

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