De acuerdo con la OMS los edulcorantes no calóricos o no azucarados no se aconsejan como medio para lograr el control de peso o reducir el riesgo de enfermedades no transmisibles tanto en adultos como en niños.
Qué son los edulcorantes no calóricos?
Los edulcorantes no calóricos o no azucarados son productos que sustituyen al azúcar y reciben este nombre porque no provienen del azúcar (sacarosa). Estos edulcorantes tienen mucho dulzor, pero sin calorías ya que nuestras células no pueden extraer su energía. Estos productos se agregan a alimentos procesados para realzar el sabor dulce y reducir el aporte de calorías, generando los productos light o bajos en calorías con el objetivo de ayudar al control o pérdida de peso y al control de la diabetes. También se usa en la industria farmacéutica para que se toleren algunas medicinas como las que son para niños.

Esta directriz se basa en una revisión sistemática y metaanálisis con la evidencia científica más actual sobre los efectos en la salud de los edulcorantes no azucarados: acesulfame K, aspartame, advantamo, ciclamato, neotamo, sacarina, sucralosa, stevia y derivados de stevia. Su objetivo principal con esta revisión ha sido incentivar el desarrollo, diseño e implementación de políticas y programas de nutrición y de salud pública, así como promover estilos de vida saludables haciendo énfasis en controlar el consumo de azúcar.
Qué dicen los estudios sobre sus riesgos a la salud?
Para llegar a esta recomendación, la OMS comenzó, hace más de seis años, a estudiar el posible efecto de los edulcorantes en la salud, teniendo en cuenta los ensayos clínicos y los estudios observacionales publicados sobre las poblaciones de adultos sanos, niños y mujeres embarazadas.
En general, se obtuvieron cuatro grandes líneas de resultados:
- En adultos sanos, y solo con la información de los ensayos clínicos —con tiempos de intervención de tres meses o menos— el uso de edulcorantes condujo a reducciones de peso modestas. Sin embargo, teniendo en cuenta los estudios observacionales a largo plazo, se asoció a un mayor índice de masa corporal y un mayor riesgo de obesidad.
- De nuevo en la población adulta sana, en los ensayos clínicos a corto plazo no se observaron efectos significativos en los marcadores intermedios de enfermedad crónica, como la glucosa o la insulina altas en ayunas o los lípidos en sangre elevados por el uso de edulcorantes. Sin embargo, en los estudios prospectivos a largo plazo sí se asociaron a un mayor riesgo de diabetes tipo 2, de enfermedad cardiovascular, hipertensión y de mortalidad.
- En niños y mujeres embarazadas la fuerza de la evidencia fue menor que en adultos. En general, tanto con la información de los ensayos clínicos —siempre a corto plazo— como de los observacionales a largo plazo, apenas se encontraron diferencias significativas ni asociaciones de relevancia —sobre cambios en el peso o riesgo de enfermedad— entre las poblaciones que usaban edulcorantes y las que no. A excepción de dos ensayos clínicos realizados en niños, que informaron de menores casos de caries dental entre los que usaban edulcorante en lugar de azúcares.
- En mujeres embarazadas, la información aportada por tres estudios observacionales encontró una asociación directa entre el riesgo de parto prematuro y el uso de edulcorantes durante el embarazo, pero no se hallaron asociaciones entre el peso de los bebés y el uso de edulcorantes durante el embarazo.
Adicionalmente, investigaciones realizadas y publicadas recientemente en la revista Current Opinion in Cardiology bajo el título ‘Artificial sweeteners and cardiovascular risk’ han propuesto que la ingesta de estas sustancias provoca disrupciones importantes en el sistema endocrino que interfieren en el metabolismo e impiden su correcto funcionamiento. En concreto, se señala que el consumo de edulcorantes artificiales aumenta entre un 18% y un 24% el riesgo de desarrollar diabetes mellitus tipo 2, y hasta un 44% el de desarrollar síndrome metabólico. También provoca alteraciones en la regulación de los mecanismos de la sensación de saciedad, alteraciones en la microbiota intestinal y un incremento de la secreción de insulina. Este conjunto de factores constituye un escenario perfecto para el desarrollo de diabetes. Así mismo, otro estudio prospectivo a gran escala de adultos franceses, Artificial sweeteners and risk of cardiovascular diseases: results from the prospective NutriNet-Santé cohort, encontró que los edulcorantes artificiales (especialmente aspartame, acesulfame K y sucralosa) se asociaron con un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, cerebrovasculares y coronarias, por lo que podrían representar un factor de riesgo modificable para la prevención de tales enfermedades.
Si bien son necesarias más investigaciones al respecto, la recomendación del organismo internacional es tener una dieta sana, “pues las sustituciones de los azúcares añadidos por edulcorantes sin azúcar no son suficientes para mejorar una dieta. Es mejor sustituir los productos con azúcares añadidos por frutas y otros alimentos mínimamente procesados, y reemplazar las bebidas endulzadas por versiones más naturales como el agua”.
En el caso particular de los niños, se han evidenciado vínculos entre los edulcorantes no nutritivos y cambios en el apetito y preferencias del gusto en los niños. Esto, a su vez, podría afectar el peso y la salud y por tanto, no tener ningún efecto benéfico para ellos, según lo señala la AAP.
El hecho de reemplazar los azúcares libres con edulcorantes acalóricos no significa mejorar la calidad general de los patrones de alimentación que incluyen una cantidad significativa de estos productos. De esta forma, la idea es animar a los consumidores a deshabituarse de la presencia ubicua del sabor dulce, venga de donde venga, y a aprender a consumir alimentos con menos cantidad de azúcares libres o edulcorantes. Es decir, menos ultraprocesados (una vez más).

REFERENCIAS
-WHO. (2023). Use of non-sugar sweeteners: WHO guideline. Disponible en: https://www.who.int/publications/i/item/9789240073616
-Gomez-Delgado, Francisco; Torres-Peña, Jose David Gutierrez-Lara, Gema Romero-Cabrera, Juan Luis Perez-Martinez, Pablo. (2023). Artificial sweeteners and cardiovascular risk. Current Opinion in Cardiology 38(4):p 344-351.
– Debras C y col. (2022). Artificial sweeteners and risk of cardiovascular diseases: results from the prospective NutriNet-Santé cohort. BMJ;378:e071204. Disponible en: https://www.bmj.com/content/378/bmj-2022-071204
-Wakida-Kuzunoki GH y cols. (2017).Edulcorantes no calóricos en la edad pediátrica:
análisis de la evidencia científica. Rev Mex Pediatr; 84(Supl. 1): 3-23. Disponible en: https://www.medigraphic.com/pdfs/pediat/sp-2017/sps171a.pdf
